LA CAVERNA


LA CAVERNA
José Saramago
Editorial: Alfaguara
Editado en 2001

La sociedad considerada como mercado y las personas como consumidores, nos ha llevado a un estado de permanente estado de esclavitud que aceptamos con naturalidad. Atados de pies y manos, vemos y concebimos la realidad que nos quieren mostrar convencidos de que es la única realidad posible. Como en la obra de Platón, sólo algunos caen en la cuenta a tiempo y logran salir hacia un modo de vida más libre.
Pero La Caverna no es en absoluto un ladrillo filosófico. Transcurre en una atmósfera natural y campestre, a través de unos personajes sencillos pero inusuales y desde luego nada vulgares, (¿no estamos ya un poco aburridos de tanta vulgaridad?) que se ven amenazados por el poder comercial, que elimina todo aquello que no es rentable, como la alfarería tradicional, que es la actividad de dichos personajes.
Aunque desde luego no tengo intención de contar el libro, no puedo dejar de anotar que hay una escena que me pareció el corazón de toda la obra. Tuve que leer el párrafo varias veces y no me lo podía creer, estaba ahí, en toda su desnudez. Una escena terrible contada con naturalidad, no dejando lugar a dudas, estaba ahí.
Me quedé desconcertada, era llegar al fondo para descubrir la verdad y emprender la huida hacia la superficie, hacia nosotros mismos.
Me ha parecido un libro maravilloso, de lectura tranquila y reflexiva, aunque inquietante.

La Caverna, junto a Ensayo Sobre la Ceguera y Todos los Nombre, forman una trilogía que plasma de forma magistral la visión que del mundo tiene José Saramago. Serán mis próximas lecturas.

ADAM

Los que estaban en la caverna de Platón creían que no existía otra realidad más que las imágenes que se proyectaban en la pared. Creo que es lo que pasa hoy mismo. De alguna forma, estamos encadenados, mirando lo que ya no es. Me refiero al mundo de la política, de la economía, etcétera. Estamos recibiendo imágenes que a una parte del mundo le interesa que tengamos y las estamos aceptando. Y si hay un lugar donde eso se expresa rotundamente es en el mundo mediático. Por eso, ya casi no escribo para los medios. No tengo mucha confianza en la eficacia de la reflexión a través de los medios. En el diario aparece una columna breve con una reflexión, perdida en un gran océano de cuatro o seis páginas de deportes, otras tantas de espectáculos y otras de novedades, curiosidades y chismes. El pensamiento y la reflexión merece un espacio mínimo en los diarios; como mucho media página. Y si hablamos de la televisión, directamente no existe.
José Saramago

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